La custodia física de claves de Bitcoin es, en el fondo, un problema de materiales: dónde guardar las 12 o 24 palabras de una frase semilla para que sobrevivan al fuego, al agua y a un descuido doméstico. Yoseyomo, una startup valenciana, respondió con una moneda de titanio en la que las palabras se codifican en binario con un punzón. En el capítulo 79 de Toque de Ingenio, Iñaki Zubeldia explica cómo estudiaron los soportes que ya existían, qué decisiones de diseño tomaron y cómo financiaron la primera fabricación con una preventa.
Invitado: Iñaki Zubeldia, presentado en el episodio como fundador de Yoseyomo. Conversación publicada: 26 de mayo de 2026. Episodio: 79. Duración: 1 h 22 min.
En este capítulo:
- Por qué los soportes de metal que había en el mercado no superaban las pruebas de fuego, ácido y aplastamiento.
- Cómo codificar 24 palabras en una moneda pequeña sin grabar una sola letra.
- Qué papel tuvieron la preventa, la fabricación por lotes y la comunidad en el lanzamiento.
La conversación se produce dos años después del lanzamiento del producto, con la empresa en plena ampliación de capital. Iñaki muestra la moneda y el estuche ante la cámara mientras los explica.
Por qué una frase semilla acaba en un trozo de metal
Iñaki explica que, al crear una wallet, el software entrega 12 o 24 palabras elegidas al azar de una lista estándar de 2.048 términos. Esas palabras, en su orden, son lo único imprescindible: si el dispositivo se estropea, basta con introducirlas en otro. Lo habitual es apuntarlas en un papel, y ahí empiezan los problemas.
Uno de los casos que relata es el de un cliente, soldador industrial de Bilbao, que compró criptomonedas en 2013. Guardó el papel con las palabras dentro de la caja de la wallet fría y perdió la caja. Según cuenta Iñaki, la aplicación le mostraba en 2026 un saldo de 44 millones de euros que no podía mover.
El origen del producto está en su canal de YouTube, Cryptodemy. Siguiendo un post muy conocido, grabó un vídeo en el que marcaba las palabras con martillo y cincel en arandelas de acero inoxidable. Su socio Álvaro, que vive en Bilbao, le escribió el 9 de septiembre proponiendo hacer una versión útil y bonita. Siete días después tenían el diseño de la moneda, y el desarrollo ocupó ocho meses de trabajo a distancia.
Iñaki lo describe como algo poético: una tecnología tan sofisticada como la blockchain acaba custodiada en un trozo de metal analógico. El objeto no tiene electrónica ni software; su valor está en que resista y en que sea fácil de esconder.
Estudiar lo que ya existe: pruebas de fuego, ácido y prensa
Iñaki procede del marketing y, según cuenta, lo primero que hizo fue un estudio de mercado. Encontró el trabajo de un activista cypherpunk que durante cinco años había sometido soportes de metal a fuego, ácido y prensa hidráulica: tarjetas para rayar con un punzón, libritos con raíles para insertar letras y tubos con anillas grabadas.
Un librito de aluminio se derretía. Otro de acero inoxidable aguantaba el fuego, pero las chapas que formaban los raíles se abombaban con el calor y las letras saltaban, con lo que se perdía el orden. Los tubos se doblaban bajo aplastamiento y, al intentar abrirlos, las anillas se dispersaban.
«Productos que estaban hechos para proteger tu frase semilla no cumplían su objetivo».
Iñaki Zubeldia, 41:49.
La lección aplicable a otros proyectos es que el material no garantiza la función. Un acero que resiste el fuego puede fallar por la geometría del conjunto o por sus piezas sueltas. En el diseño y desarrollo de producto conviene definir las condiciones de fallo antes de dibujar. De ese análisis salieron los dos requisitos de Yoseyomo: un producto indestructible y muy fácil de ocultar.
Codificar 24 palabras en binario en una moneda de titanio
La decisión central fue no grabar letras. La lista de 2.048 palabras está ordenada alfabéticamente, así que cada palabra ocupa una posición y esa posición es un número. La moneda tiene 24 líneas de puntos, una por palabra, y cada punto vale 1, 2, 4, 8, 16 y así hasta cubrir la lista. La suma de los puntos marcados indica la posición de la palabra.
Iñaki pone un ejemplo: si la palabra es la número 3, no hay un punto con ese valor, pero al marcar el 1 y el 2 se obtiene el resultado. La lista es pública y la web de Yoseyomo indica qué puntos marcar para cada palabra. El orden lo fija la wallet y se conserva porque cada línea corresponde a una posición de la frase.
Este sistema tiene dos ventajas que Iñaki destaca. La primera es el tamaño: al no escribir texto, la moneda se mantiene pequeña. La segunda es el idioma: las listas existen en chino o japonés, y esos usuarios pueden utilizar el producto, mientras que los soportes con letras latinas no les sirven. La estética acompaña a la función: nombre de sonido japonés en referencia a Satoshi Nakamoto e imagen negra, de perfil bajo, porque quien es su propio banco no debe airear lo que tiene.
Punzón, plantilla y precintos: los detalles que hacen usable el objeto
El estuche se abre como el de un perfume y muestra primero la moneda. Debajo hay códigos QR con las instrucciones, un punzón y una plantilla en blanco sobre negro pensada para personas con presbicia. Iñaki cuenta que los usuarios pedían un dispositivo más grande, y la plantilla fue la respuesta para no ampliarlo.
«¿Por qué no lo queremos hacer más grande? Porque luego ya es más difícil de ocultar».
Iñaki Zubeldia, 46:20.
El punzón no necesita martillo: se aprieta y deja la marca. El procedimiento recomendado es marcar primero con rotulador, revisar que no hay errores y fijar después las marcas.
Al terminar, unos precintos cubren la moneda y cumplen cuatro funciones. Tapan lo marcado; llevan cortes laterales que rompen la pegatina si alguien intenta levantarla; tienen un número de serie único que delata una pegatina sustituida; y contienen un chip NFC. Con la aplicación gratuita, el usuario guarda una etiqueta del tipo «la wallet de mi padre», sin datos sensibles, para distinguir varias monedas sin destapar ninguna.
Iñaki insiste en que estas terminaciones marcan la diferencia entre dos productos parecidos. Es un argumento para comprobar con usuarios el uso completo de un objeto en fase de prototipo: abrir, leer, marcar, revisar y sellar.
Vender antes de fabricar: preventa, lotes y comunidad
Yoseyomo salió al mercado el 1 de mayo de 2024 sin producto fabricado. Iñaki había contado el proceso en la comunidad de Cryptodemy y reunió una lista de espera de 100 personas. Con un vídeo en directo facturaron unos 16.000 euros en 48 horas, con precios reducidos para quienes pagaban por adelantado. Ese dinero permitió encargar la primera fabricación por lotes.
Tras el directo hicieron una encuesta con una valoración de 9,5. En septiembre, al entregar el producto, las reseñas dieron un 4,9 sobre 5, lo que Iñaki interpreta como expectativas cumplidas.
Después vino una primera ampliación de capital para pagar al fabricante y validar el marketing. El producto ganó además un premio Red Dot de diseño, el primero, según Iñaki, para un producto físico cripto.
En el momento de la entrevista, la empresa estaba en una nueva ronda de 500.000 euros, de los que más de 300.000 procedían de la comunidad a través de un vehículo de inversión.
Del objeto al servicio: herencia digital y próximos pasos
La siguiente pregunta que se plantearon fue qué pasa con las criptomonedas de alguien si fallece. De ahí nació Inheritance, un servicio de custodia de mensajes póstumos que en 2025 ampliaron a cualquier activo digital, patrimonial o emocional. Se activa por tres vías: una matrícula vinculada al testamento, correos periódicos con llamada telefónica antes de actuar y contactos autorizados, siempre con certificado de defunción.
Como muchos usuarios tomaban la cápsula del servicio por un objeto real, los socios decidieron fabricarla en titanio, con un código QR que contiene la matrícula. Iñaki la muestra como prototipo ignífugo, pensado para entregarlo como símbolo del legado.
Entre los planes que cita están un formato de marca blanca para aseguradoras y la Bitcoin Race, una yincana urbana con 24 pruebas prevista para el último trimestre de 2026. Son proyectos anunciados en la entrevista, no resultados.
Qué puede aprender otro equipo de desarrollo
El caso Yoseyomo deja cuatro aprendizajes para quien desarrolla un producto físico de nicho:
- Definir las condiciones de fallo antes de dibujar. Fuego, ácido y aplastamiento eran los ensayos que separaban un soporte útil de uno decorativo.
- Codificar en lugar de escribir. Convertir palabras en posiciones binarias redujo el tamaño y eliminó la dependencia del idioma.
- Resolver la usabilidad con accesorios. Una plantilla y un punzón sin martillo evitaron agrandar un objeto que debía seguir escondido.
- Financiar el primer lote con la comunidad. Una preventa con lista de espera pagó la fabricación y validó la demanda antes de invertir.
El episodio recoge el estado del proyecto en mayo de 2026: la moneda a la venta, el servicio de herencia en marcha y la Bitcoin Race en preparación. Las características citadas pueden haber cambiado desde entonces.
En i-mas desarrollamos productos físicos que deben cumplir una función con un material, un proceso y un uso concretos, desde el estudio de alternativas hasta las primeras series. Si trabajas en un objeto de nicho con requisitos de resistencia o de usabilidad, cuéntanos tu proyecto.
Para seguir leyendo: del prototipo a las primeras unidades: el caso de Citring One.
Fuente del artículo: entrevista de Edgar Guerrero con Iñaki Zubeldia en Toque de Ingenio. Los pasajes citados enlazan al minuto de la conversación. Las recomendaciones para otros proyectos son una síntesis editorial de i-mas.