La seguridad en rocódromos depende de un gesto que cualquiera puede olvidar: engancharse al autobelay antes de empezar a subir. Lizcore ha desarrollado un dispositivo que combina cámaras, visión artificial, sensores e identificación NFC para comprobar que el escalador está atado y avisar cuando alguien sube sin estarlo. En el capítulo 82 de Toque de Ingenio, Edgar Casanovas explica cómo detectó el problema tras 25 años como guía e instructor, cómo pasó de una caja de zapatos con un Arduino a un producto instalado en varios países y qué haría distinto hoy.
Invitado: Edgar Casanovas, presentado en el episodio como fundador de Lizcore. Conversación publicada: 8 de julio de 2026. Episodio: 82. Duración: 1 h 7 min.
En este capítulo:
- Por qué el olvido, y no la temeridad, está detrás de los accidentes en escalada indoor.
- Cómo una cámara comprueba el arnés, el mosquetón y la tracción antes de dejar escalar.
- Qué aprendió Lizcore sobre patentes, producto mínimo viable y salida al mercado.
Edgar Casanovas lleva a la entrevista una unidad del dispositivo para autobelays y explica sobre ella cada comprobación.
Seguridad en escalada indoor: el accidente que empieza con un despiste
Edgar Casanovas empezó a escalar a los 12 años y ha dedicado 25 años a la escalada como guía e instructor. Según relata, la escalada indoor ha crecido muy deprisa: cita 465 rocódromos en España y un flujo de usuarios nuevos que los centros no tienen tiempo de formar.
Trabajando en un rocódromo observó que los usuarios entraban en masa pero no se quedaban, porque no había manera de ver la progresión ni de competir. Y empezaron a repetirse accidentes que respondían siempre al mismo patrón.
Alguien se quita el mosquetón del autobelay para hablar con un amigo, mira el reloj, vuelve a la pared y sube sin haberse atado. Al llegar arriba se suelta convencido de que la cuerda le sujeta. Edgar insiste en que no es temeridad sino olvido, y lo compara con el aviso del cinturón del coche.
El autobelay es el aparato que ha permitido escalar sin compañero: recoge la cuerda mientras se sube y frena la caída al instante. Su comodidad multiplica los usuarios y, con ellos, los despistes. La solución no podía ser una aplicación, porque nadie escala con el móvil en la mano.
Validar la idea fuera del círculo de amigos
Edgar contó la idea al padre de una alumna, que resultó ser ingeniero, y en unas dos semanas tenía un Arduino con unas luces dentro de una caja de zapatos. Comprobó que no existía nada parecido, buscó un diseñador y un informático y con ese equipo construyó el primer prototipo, lanzado en 2023.
Cuando lo enseñó a los rocódromos, todos le dijeron que era muy bonito. Su mujer le hizo ver el sesgo: era como preguntar a un amigo si tu hija es guapa. Los gestores eran compañeros con los que había escalado toda la vida, y su opinión no validaba nada.
Decidió presentarlo en una feria internacional en Alemania, donde nadie le conocía. Muchos visitantes no creían que la tecnología tuviera sitio en ese deporte. Pero cuando preguntaba si aquello era el futuro de la escalada, la respuesta era que sí. Al año siguiente volvió con un prototipo funcional.
El equipo tramitó una patente y una PCT internacional. Preguntado hoy por esa decisión, Edgar es claro: no volvería a patentar en esa fase. El dinero habría servido para desarrollar más deprisa y, en su opinión, lo que marca la diferencia es la velocidad de llegar al mercado.
Visión artificial para comprobar que el escalador está atado
El dispositivo para autobelays, que Lizcore llama Safety Gate, se instala donde cuelga el mosquetón. Como el autobelay tracciona siempre hacia arriba, el aparato retiene la cinta y deja el mosquetón libre para que el usuario se lo enganche.
Entonces entra en juego una cámara con visión artificial. Según explica Edgar, el sistema comprueba primero que delante hay un humano con arnés, después localiza la anilla ventral, la única correcta para atarse, y por último verifica que el mosquetón está en contacto con ella y cerrado. Solo entonces una cerradura libera la cinta.
La comprobación no termina ahí. La cámara quiere ver que el mosquetón tracciona hacia arriba con unos 2,5 kilos de fuerza, y solo después el aparato se pone en verde. Todo ocurre en décimas de segundo. Detectar humanos sirve también al bajar: si hay alguien debajo del escalador que desciende, el aparato pita para que se aparte.
Para el caso del despiste hay una segunda cámara superior que vigila la pared. Si aparece un pie en movimiento y el aparato no ha entregado la cinta a una persona atada, salta una alarma visual, se repite en los dispositivos vecinos, sube de volumen y envía una notificación con la ubicación a los móviles de los monitores. Ese aviso llega antes de que el escalador esté a ocho metros.
Sensores que convierten el uso en mantenimiento
Además de vigilar al escalador, el dispositivo vigila al propio autobelay. Cuenta cuántas veces sube y baja la cinta, de modo que la revisión puede programarse por uso y no por calendario. Edgar señala que un autobelay en Madrid acumula muchas más horas que uno en un pueblo.
Una báscula integrada mide la fuerza con la que el autobelay tira de la cinta. Si de repente tira más o menos de lo habitual, el sistema avisa de que hay que repararlo. Y un aparato en malas condiciones puede bloquearse remotamente para que no libere la cinta aunque vea un mosquetón bien colocado.
Esta combinación de cámara, cerradura y sensores en un mismo equipo es un ejemplo de ingeniería electrónica aplicada a un entorno concreto. La alternativa habitual es una lona colgada del mosquetón: obliga a quitarlo para escalar, pero nadie comprueba que el usuario se ate después.
Identificar al escalador con NFC y gamificar la progresión
El segundo producto de Lizcore, el Grader Star, nació para el bloque y se conecta por cable al Safety Gate. El usuario se identifica con una pulsera, una gorra o una camiseta con NFC. Si está autorizado, porque ha hecho la formación previa, el sistema procede a las comprobaciones.
Con esa identificación, cada ascensión queda registrada en la aplicación: rutas completadas, comparaciones con otros usuarios y retos de marcas. Arriba no hace falta tocar nada, porque un escáner detecta en 3D cuándo hay unas manos en la última presa.
Edgar explica la lógica empresarial. El mercado de la seguridad es finito, porque los rocódromos se acaban; la gamificación permite crear juegos y retos sin límite. Por eso el Grader Star se diseñó primero, ya con un conector para un futuro sistema de seguridad.
El mercado, sin embargo, pidió lo contrario. El Grader Star salió en 2024 y se vendió poco. El Safety Gate salió en 2025 y es el que avanza, porque los gestores compran antes lo que evita un daño que lo que retiene clientes.
Entrenar la inteligencia artificial y convencer a un sector tradicional
El reto técnico que más ha costado, según Edgar, ha sido enseñar a la cámara a reconocer los patrones correctos. Todo empezó fotografiando a un grupo de amigos con y sin arnés. Hoy el banco de imágenes sigue creciendo y el sistema tarda menos que quitar una lona y atarse.
La otra dificultad es cultural. Los escaladores veteranos sienten que el dispositivo los trata de tontos y responden que ellos siempre se atan. Edgar recuerda que un amigo suyo también se ataba siempre hasta el día en que no lo hizo. Y separa la montaña, donde acepta el riesgo, del rocódromo.
«El riesgo en un deporte indoor en medio de una ciudad tiene que ser cero».
Edgar Casanovas, 55:53.
Preguntado por su mayor error, Edgar responde que ha sido la lentitud. Querer que todo fuera bonito y sacar a la vez hardware, software y aplicación retrasó la validación.
«Hacer una cosa, solo una, sácala, no la vas a vender, pero demuestra que eso es viable».
Edgar Casanovas, 65:58.
Qué puede aprender otro equipo de desarrollo
El caso Lizcore deja cuatro aprendizajes aplicables a otros productos con sensores y visión artificial:
- Validar con desconocidos. Los conocidos alaban cualquier prototipo; una feria donde nadie te conoce da una señal más fiable.
- Diseñar para el usuario despistado. Una cadena de comprobaciones y alarmas escalonadas protege mejor que asumir que el usuario hará lo correcto.
- Sacar una sola cosa primero. Demostrar la viabilidad de un producto antes de desarrollar el siguiente acorta el camino hasta la primera venta.
- Convertir el uso en mantenimiento. Contar ciclos y medir fuerza permite revisar un equipo cuando lo necesita, no cuando lo dice el calendario.
En el momento de la entrevista, Lizcore enviaba el Safety Gate a cuatro rocódromos de Italia, lo había instalado en México y Barcelona y negociaba con centros de Madrid, Holanda y Reino Unido. Estaba presente en siete países y preparaba una ronda de inversión para fabricación y marketing.
En i-mas desarrollamos productos que integran electrónica, visión artificial, mecánica y software. Si estás trabajando en un dispositivo que debe detectar, medir y avisar en un entorno real, cuéntanos tu proyecto.
Para seguir leyendo: sensor y aplicación para medir la fuerza por velocidad, el caso de Vitruve.
Fuente del artículo: entrevista de Edgar Guerrero con Edgar Casanovas en Toque de Ingenio. Los pasajes citados enlazan al minuto de la conversación. Las recomendaciones para otros proyectos son una síntesis editorial de i-mas.