Las startups de hardware en Europa reciben una parte mínima de la inversión y afrontan ciclos de desarrollo más largos que las digitales. Sin embargo, los datos que maneja el sector indican que sus retornos igualan o superan a los de Estados Unidos. En el capítulo 62 de Toque de Ingenio, Oriol Pascual explica por qué el continente perdió músculo industrial, qué piden los inversores a un proyecto de producto físico y cómo trabaja una aceleradora de hardware para llevarlo a fábrica y al mercado.
Invitado: Oriol Pascual, presentado en el episodio como CEO de S2xpeed. Conversación publicada: 23 de septiembre de 2025. Episodio: 62. Duración: 1 h 23 min.
En este capítulo:
- Por qué la industria sostiene la clase media y qué le pasó a Europa al externalizar la fabricación.
- Qué diferencia a una startup industrial de una digital ante los inversores.
- Cómo validar el problema y el mercado antes de gastar en industrializar.
La conversación se grabó en Barcelona. Oriol vive en Finlandia y se desplazó para la grabación, según comenta Edgar al presentarlo. En el momento de la entrevista, S2xpeed contaba con 21 empresas participadas y preparaba el inicio de su siguiente programa en octubre.
Europa externalizó la fabricación y perdió músculo industrial
Oriol parte de un diagnóstico: Europa fue productora de innovación y fábrica del mundo durante décadas, pero con la globalización asumió que lo importante era generar la propiedad intelectual aquí y fabricar fuera. Según relata, esa apuesta ha salido rana, porque crea una dependencia de cadenas de suministro que no se controlan, como se comprobó durante la pandemia.
A ello añade la falta de cohesión entre los 27 estados, que compiten entre sí en lugar de actuar como un bloque. Para Oriol, recuperar el terreno perdido frente a Estados Unidos y China llevará décadas.
«La clase media existe cuando hay industria».
Oriol Pascual, 07:48.
La industria, sostiene, no solo pesa en la economía: genera empleo cualificado, exportaciones e innovación, y actúa como elemento de cohesión social. Su referencia es que los países competitivos obtienen al menos un 20% del PIB del sector industrial, como Corea del Sur o China. Cataluña llegó al 25% hace una década, bajó al 16% y rondaba el 18 o 19% en el momento de la entrevista.
Tres olas de emprendimiento y un ecosistema industrial incipiente
Para situar las startups industriales, Oriol describe tres olas. La primera fue la del emprendimiento digital, que nació con internet y hoy es un ecosistema maduro. La segunda llegó con la biotecnología y el dispositivo médico, sectores muy regulados y con hitos definidos.
La tercera ola es la que él denomina industrial tech: startups de base científica, técnica e ingenieril en robótica, automatización, tecnologías limpias o movilidad. Según los datos que maneja, la inversión privada en este tipo de proyectos se ha multiplicado por nueve en Europa en los últimos cinco años, pero sigue siendo el 3% de toda la inversión de capital riesgo.
Oriol explica que el dinero fluye hacia donde se conocen las reglas del juego. En el sector digital y en el de salud, los inversores saben qué hitos, plazos y ratios de éxito esperar. Para una startup de robótica ese manual todavía no está escrito, y por eso hay muy pocos fondos especializados y apenas dos o tres programas de apoyo en toda Europa.
Oriol sitúa el digital y la salud como los dos extremos, y prevé que el industrial quedará en medio cuando termine de definirse su hoja de ruta: necesita más inversión y ciclos más largos que el software, pero está menos regulado que un dispositivo médico.
Qué exigen los inversores a un proyecto de producto físico
Oriol cuenta que las compañías con las que trabaja, con tres o cuatro años de vida, acuden a buscar financiación privada y reciben la misma respuesta: vuelve cuando tengas una primera serie industrializada y primeras ventas. El problema es que necesitan el dinero precisamente para industrializar.
Edgar aporta la perspectiva de i-mas: las startups no llegan al 10 o 15% de los proyectos que han pasado por la empresa, frente a industrias consolidadas que lanzan nuevos productos. Oriol interpreta esa cifra como un indicador de la madurez del ecosistema, porque hace diez años habría sido cercana a cero.
También comparte dos conclusiones de un estudio sobre inversión en deeptech presentado en Barcelona ante 120 inversores. La primera es que los fondos europeos obtienen rentabilidades a la par con los americanos. La segunda, que los proyectos deeptech con base hardware son más rentables que los de base software.
Validar el problema antes de industrializar el producto
Oriol resume el desarrollo de un producto físico en tres fases: I+D para validar que la tecnología es posible, creación de la empresa para industrializar y validar el mercado, y crecimiento. Según explica, la fase intermedia es la que menos apoyo recibe; con el mercado validado, la financiación abunda.
El error más frecuente que observa es que equipos muy técnicos ponen todo el énfasis en la tecnología y creen que el producto se venderá solo. Relata el caso de una startup surgida de la Universidad de Helsinki con una plataforma de análisis genético con inteligencia artificial: tenía el producto mínimo al 70%, pero no había hablado con los técnicos de laboratorio que lo usarían.
«La tecnología es el 10% del proyecto».
Oriol Pascual, 39:17.
Distingue dos herramientas. El customer development consiste en entrevistar de forma estructurada a 30 o 40 personas para entender su problema y cómo lo resuelven hoy. La validación de mercado, en cambio, requiere que alguien pague, y admite niveles: ofrecer el resultado como un servicio artesanal, mostrar una primera unidad o vender un producto industrializado.
Edgar añade ejemplos vistos en el podcast: emprendedores que vendieron unidades impresas en 3D antes de invertir en moldes, o que publicaron una web para ver si alguien compraba. Este tipo de prototipos permite responder a la pregunta comercial antes de comprometer el coste de la industrialización.
Asumir años de I+D y financiarlos con realismo
Según Oriol, muchos proyectos no se dan cuenta de que no podrán vivir de vender su producto durante varios años. Para una empresa con tres o cuatro años de vida, calcula que los cinco siguientes seguirán siendo de desarrollo orientado a la primera serie. La pregunta que hay que resolver es cómo se financia una empresa cuya actividad principal es la I+D.
Su recomendación es combinar fuentes: financiación no dilutiva, proyectos europeos y servicios basados en la propia tecnología, que además sirven para validarla. Añade que se duerme mejor cuanto antes se asume que la facturación no llegará el año que viene.
Edgar describe la falta de realismo en los plazos: proyectos que llegan en septiembre y quieren vender en Navidad, cuando solo un molde lleva dos o tres meses. Oriol lo atribuye a la inmadurez del ecosistema: faltan foros donde quienes ya han pasado por el proceso cuenten cómo lo hicieron.
Cómo trabaja una aceleradora de hardware: el programa de S2xpeed
S2xpeed nació en Barcelona en abril de 2022 como empresa privada dedicada a apoyar startups industriales europeas de base hardware. Oriol la describe como una aceleradora con un programa de dos años: los primeros cuatro meses son intensivos, en parte en Barcelona, y después el acompañamiento es trimestral.
El programa trabaja cuatro bloques. El primero prepara la fabricación: documentación, estrategia de certificación y búsqueda de proveedores, fabricantes por contrato y firmas de ingeniería. El segundo es la validación de mercado en B2B, apoyada en una red de más de 90 responsables de innovación de grandes empresas industriales. El tercero es equipo y operaciones, y el cuarto crecimiento, con internacionalización y financiación.
Como ejemplos, Oriol cita una startup noruega de robots autónomos de limpieza para puertos que firmó contratos con dos puertos españoles, y una inglesa con un dispositivo de diagnóstico pediátrico que consiguió nueve cartas de interés de hospitales para pruebas clínicas.
Los criterios de entrada son claros: tecnología validada con un prototipo funcional, no un render; inventiva propia, aunque no esté patentada; un equipo de al menos dos o tres personas a dedicación completa; y un modelo B2B con dispositivo físico.
El modelo económico consiste en tomar participaciones: el apoyo se valora en dinero y se capitaliza en acciones de la startup. En el momento de la entrevista gestionaban 21 participadas, menos del 30% españolas, y aspiraban a multiplicar la valoración por dos o tres en un plazo de tres a cinco años. Oriol cuenta que algunos fondos empiezan a condicionar su inversión a que la startup pase por el programa.
Qué puede aprender otro equipo de desarrollo
La conversación con Oriol deja cuatro ideas útiles para quien quiera lanzar un producto físico:
- Demostrar dominio del problema. Antes de desarrollar, hay que entender cómo lo resuelve hoy la gente y qué apaños ha construido.
- Validar con lo mínimo. Un servicio, una unidad hecha a mano o una preventa pueden confirmar que alguien paga, antes de invertir en moldes.
- Planificar años de I+D. La empresa vivirá de financiación mixta antes que de ventas, y el plan debe reflejarlo.
- Enseñar el prototipo funcional. Inversores y programas de apoyo piden tecnología estable y equipo dedicado, no renders.
En el momento de la entrevista, S2xpeed analizaba oportunidades de forma continua y arrancaba dos programas al año, en marzo y en octubre. La siguiente edición estaba prevista para octubre de 2025.
Este episodio no describe un desarrollo concreto, sino el contexto en el que se mueven quienes fabrican en Europa. Si trabajas en una startup industrial, en Toque de Ingenio encontrarás más conversaciones con quienes ya han recorrido ese camino, y nos interesa seguirla contigo.
Para seguir leyendo: cómo Rieju sigue fabricando 20.000 motos al año en Figueres.
Fuente del artículo: entrevista de Edgar Guerrero con Oriol Pascual en Toque de Ingenio. Los pasajes citados enlazan al minuto de la conversación. Las recomendaciones para otros proyectos son una síntesis editorial de i-mas.