Contenedor inteligente de reciclaje: cómo Candam identifica los envases sin cámaras

Cómo Candam clasifica envases en el contenedor con un sensor acústico e IA, alimenta el dispositivo sin enchufe y diseña incentivos para que los ciudadanos reciclen.

Por Edgar Guerrero, Director de Desarrollo de Negocio de i-mas Capítulo 54 9 min de lectura

Portada de la entrevista de Toque de Ingenio con Jordi Berguinzo sobre Candam

Un contenedor inteligente de reciclaje tiene que funcionar en la calle, sin enchufe, con suciedad y con miles de usos al mes. Candam resolvió ese problema con RecySmart, un anillo que se adapta a los contenedores de vidrio y de envases y clasifica cada envase con un sensor acústico e inteligencia artificial. En el capítulo 54 de Toque de Ingenio, Jordi Berguinzo explica por qué descartaron la visión por ordenador, cómo alimentan el dispositivo y qué incentivos hacen que la gente participe.

Invitado: Jordi Berguinzo, presentado en el episodio como cofundador de Candam Technologies. Conversación publicada: 10 de junio de 2025. Episodio: 54. Duración: 1 h 31 min.

En este capítulo:

  • Por qué un sensor acústico funciona mejor que una cámara dentro de un contenedor urbano.
  • Cómo alimentar y mantener un dispositivo que vive en la calle sin conexión eléctrica.
  • Qué incentivos y qué ritmo de implantación consiguen que los ciudadanos participen.

La conversación se grabó en la primavera de 2025, con la nueva tasa de residuos recién en vigor y el sistema de depósito de envases previsto en España para finales de 2026.

Contenedor inteligente de reciclaje: aprovechar lo que ya está en la calle

Jordi sitúa el origen de Candam en el sistema de depósito del norte de Europa. Las máquinas de devolución de los supermercados identifican el envase con código de barras y sensores ópticos y devuelven el depósito. Existen desde hace casi 30 años y cumplen bien su función.

Sus límites son los que abren el hueco de Candam. Necesitan electricidad, ocupan espacio en el comercio y cubren sobre todo botellas de bebida y latas, alrededor de un 30 % de los envases. La Comisión Europea pide recuperar muchos más tipos de envase, con un objetivo del 90 % en 2029.

La alternativa fue simplificar esa máquina en un solo dispositivo. RecySmart es un anillo que se instala en la boca del contenedor de vidrio o de envases ligeros. El ciudadano se identifica con una tarjeta o una aplicación, deposita los envases de uno en uno y el sistema clasifica el material en tiempo real.

La cifra que justifica esa decisión aparece en la conversación: en España hay unos 400.000 contenedores amarillos y 250.000 de vidrio. Jordi compara el dispositivo con un contador de electricidad o de gas, pero de envases.

Identificar el envase sin cámaras: acústica e inteligencia artificial

La pregunta técnica central es cómo saber qué se ha tirado. La visión por ordenador se descartó por el entorno. Un contenedor urbano acumula suciedad y una cámara deja de ver si no se limpia con frecuencia, lo que dispara el coste de mantenimiento.

«El Computer Vision necesita justamente ver para poder clasificar».

Jordi Berguinzo, 14:22.

El equipo buscó un sistema barato, que no se ensuciara y que pudiera ir encapsulado con protección IP67 frente al polvo y al agua. La respuesta fue combinar tecnología acústica, algoritmos de inteligencia artificial y una solución mecánica en el propio dispositivo.

Según relata Jordi, un único sensor clasifica plástico, cartón y brik, metal y vidrio, y el algoritmo se configura según la fracción de cada contenedor. En el momento de la entrevista, la patente europea estaba a punto de concederse y redactaban otra con sensores no ópticos para distinguir, por ejemplo, el PET de otros plásticos.

Elegir el sensor por el entorno de uso, y no por su precisión en laboratorio, es una decisión habitual en ingeniería electrónica para producto de exterior.

Alimentar un dispositivo que vive en la calle

Jordi cuenta que empezaron con placas solares y pilas recargables, y que abandonaron esa vía por la experiencia en campo. Cada contenedor tiene una tapa distinta, ovalada o recta, y adaptar la placa a cada modelo resultaba doloroso. Además, las placas se ensuciaban, algunos contenedores estaban bajo un árbol sin luz y el vandalismo las arrancaba.

La decisión fue pasar a baterías de litio no recargables, con un proceso de retorno cuando se agotan. Los cambios bruscos de temperatura también acortaban la vida de las recargables; Candam ha instalado en Emiratos, donde en verano se han alcanzado 50 grados.

La vida útil se mide en usos: el dispositivo admite unas 120.000 acciones de reciclaje y, en reposo, dura casi tres años. Con uso normal la cifra depende del país: en España se pueden depositar 30 envases por persona y mes, en Suiza cinco.

Para los ayuntamientos, según Jordi, lo que cuenta es el servicio. El estándar del sector se sitúa entre ocho meses y un año, como en los cierres electrónicos, y el compromiso de Candam es cambiar la batería antes de que haya una incidencia con el ciudadano.

Conectar con el ciudadano: tarjeta, aplicación y datos

La identificación admite dos vías. En el sector público predominan las tarjetas NFC que reparte el ayuntamiento o el gestor. Con la aplicación, el móvil se conecta al dispositivo por Bluetooth de bajo consumo y los datos viajan por el teléfono del usuario.

Esa segunda vía ahorra conectividad. Jordi explica que en España hay muchos puntos sin cobertura donde un dispositivo IoT nunca llega a conectar. Cuando el dato sale por NB-IoT se envía una o dos veces; cuando sale por Bluetooth, lo lleva el móvil. En sus casos de uso, entre el 60 y el 70 % de las interacciones son con móvil.

Los datos personales quedan en el ayuntamiento. Candam ve solo identificadores, que Jordi llama matrículas, y los materiales depositados. La plataforma puede ser la suya o la de un tercero, y hay ayuntamientos que piden integrar el dispositivo en su propia aplicación.

Diseñar el incentivo: tasa de residuos, pago por generación y marketplace

La tecnología solo tiene sentido si el dato sirve para algo. Jordi explica que desde abril de 2025 los ayuntamientos deben tener una tasa de residuos separada que cubra un servicio hoy deficitario y bonifique a quien recicla bien. Para bonificar hace falta saber qué recicla quién.

El sistema no pesa ni lee códigos: cuenta depósitos por material. Cuando la tasa esté implantada, la bonificación llegará directamente en el recibo.

Edgar plantea la objeción del usuario: depositar botella a botella lleva tiempo, y con un ahorro de 15 euros al año muchos tirarán la bolsa entera por la otra boca. Jordi responde que el cambio de hábito exige un incentivo suficiente. La parte variable de la tasa puede ser del 50 o el 60 %, y en Meliana, con bonos al comercio local, la participación se disparó.

Para el sector privado, Candam ofrece un contenedor propio y un marketplace en el que campings o gasolineras cambian envases por descuentos. Ese mismo marketplace sirve a los ayuntamientos para dinamizar el comercio local. Donde han tenido datos de partida, Jordi habla de incrementos del 15 al 20 % en la recogida.

Introducir la tecnología sin provocar rechazo

Edgar cuenta el caso de Premià de Mar, donde el cierre de todos los contenedores con tarjeta terminó con bolsas en la calle y una plataforma vecinal. Jordi no entra en el municipio concreto, pero explica cómo plantea Candam sus implantaciones.

«Cuando introduces nueva tecnología tiene que ser de forma progresiva».

Jordi Berguinzo, 1:12:45.

Su método tiene tres partes. Primero, empezar por el vidrio, donde solo se añade la identificación, y saltar a los envases cuando la acogida es buena. Segundo, una campaña de comunicación repetida durante meses, no durante días. Tercero, un diseño técnico que no cierre lo que no conviene cerrar.

Ese diseño tiene una lógica: cierre electrónico en orgánica y cartón, anillo en vidrio y envases, y contenedor de resto abierto. Quien participa recibe la bonificación; quien no, puede seguir tirando y pagará más. Cerrar el vidrio, según Jordi, empeora la calidad, porque la tapa se abre de golpe y entran impropios.

En envases ligeros, el problema está en la bolsa: alrededor de un 30 % de su contenido son impropios. Por eso el dispositivo ocupa una de las dos bocas y la otra queda libre. Jordi insiste en que ninguna tecnología resuelve sola el problema.

Qué puede aprender otro equipo de desarrollo

El caso Candam deja cuatro aprendizajes para quien diseña dispositivos que se instalan en espacios públicos:

  • Elegir el sensor por el entorno. Una cámara es precisa en el laboratorio; un sensor que no necesita limpieza sobrevive en la calle.
  • Diseñar la energía desde el mantenimiento. Una batería no recargable con cambio programado puede dar mejor servicio que una placa solar que nadie protege.
  • Aprovechar el dispositivo del usuario. Enviar los datos por el móvil ahorra conectividad y resuelve las zonas sin cobertura.
  • Escalonar la implantación. Empezar por la fracción con menos cambio de hábito y comunicar durante meses evita el rechazo.

En el momento de la entrevista, Candam tenía unos 700 dispositivos instalados y trabajaba con ayuntamientos, gestores de residuos y empresas privadas. El modelo combina la venta del dispositivo con una cuota de software por unidad, y estudian el renting y los créditos de plástico y carbono como ingresos futuros.

En i-mas desarrollamos productos que integran sensores, electrónica de bajo consumo y mecánica para funcionar fuera de un entorno controlado. Si tu dispositivo tiene que vivir en la calle, en una planta o en un vehículo, cuéntanos tu proyecto.

Para seguir leyendo: cómo se diseñan tiendas automáticas sin personal para la calle.

Fuente del artículo: entrevista de Edgar Guerrero con Jordi Berguinzo en Toque de Ingenio. Los pasajes citados enlazan al minuto de la conversación. Las recomendaciones para otros proyectos son una síntesis editorial de i-mas.