Limpieza sin químicos: el agua ozonizada de Ecofrog

Ecofrog genera ozono a partir del aire y lo inyecta en agua para limpiar y desinfectar sin químicos. Irene Santamaría explica el equipo, la homologación y la venta.

Por Edgar Guerrero, Director de Desarrollo de Negocio de i-mas Capítulo 61 10 min de lectura

Portada de la entrevista de Toque de Ingenio con Irene Santamaría sobre Ecofrog

Limpiar sin productos químicos exige un desinfectante que actúe sobre la suciedad y desaparezca sin dejar residuo. Ecofrog ha desarrollado un equipo que toma oxígeno del aire, lo convierte en ozono con una descarga eléctrica y lo inyecta en agua de red para limpiar cocinas profesionales, hoteles o geriátricos. En el capítulo 61 de Toque de Ingenio, Irene Santamaría explica cómo funciona el sistema, por qué pasaron de importar un producto a desarrollar el suyo y qué ha supuesto homologar el ozono como biocida en Europa.

Invitado: Irene Santamaría, presentada en el episodio como CEO de Ecofrog. Conversación publicada: 16 de septiembre de 2025. Episodio: 61. Duración: 1 h 4 min.

En este capítulo:

  • Cómo se genera ozono a partir del aire y por qué el agua solo es el medio que lo transporta.
  • Por qué Ecofrog pasó de distribuir un equipo importado a desarrollar el suyo para el sector profesional.
  • Qué ha frenado la adopción: ocho años de homologación como biocida y la caída del mercado francés.

Al comienzo de la conversación, Irene comenta que llegaba con prisa porque los clientes querían el sistema instalado antes de las vacaciones y de la temporada alta de la hostelería. La entrevista se grabó, por tanto, poco antes del verano, con la homologación de los equipos todavía en curso.

Qué es el agua ozonizada y cómo se genera a partir del aire

Irene describe el ozono como un gas que aparece de forma natural cuando un rayo actúa sobre el oxígeno del aire. El equipo de Ecofrog reproduce ese fenómeno con un generador basado en el efecto corona. Cuando el usuario pide agua, la máquina toma agua de la red y oxígeno del aire, aplica una descarga eléctrica y separa las moléculas de O2. Esos átomos se introducen en el agua y forman lo que Irene llama agua trioxigenada, una molécula inestable que oxida la materia orgánica que encuentra o vuelve al aire.

Por eso el ozono generado en aire desaparece casi de inmediato. Inyectado en agua, Irene sitúa su estabilidad en cinco horas en un envase cerrado y dos en un cubo abierto.

«El agua es un medio y el ozono es el que actúa».

Irene Santamaría, 07:47.

El equipo no filtra nada, a diferencia de un sistema de ósmosis. Solo añade ozono al agua de red en una dosis muy pequeña, entre 0,5 y 1,2 miligramos por litro, la mínima eficaz para evitar problemas de evaporación al aire y toxicidad para quien lo utiliza.

Limpiar y desinfectar sin residuo: qué hace y qué no hace

Ecofrog se ha especializado en el sector profesional. Irene enumera cocinas industriales, suelos, cristales, baños, cámaras, freidoras y planchas; en la práctica, cualquier superficie no porosa. El uso tiene dos pasos: primero se pulveriza y se limpia para retirar la materia orgánica; después se vuelve a aplicar para desinfectar.

Lo que más sorprende a los clientes, según relata, no es la desinfección sino la capacidad desengrasante. Al pulverizar una campana o un horno, dejar actuar uno o dos minutos y frotar, la grasa se desprende como con un tensioactivo.

También señala límites: el sistema está pensado para la grasa diaria, y para una barbacoa con años de residuo negro hace falta algo más agresivo. En la versión doméstica, conectada a la lavadora, recomienda un poco de detergente en la ropa blanca para compensar el efecto oxidante.

Con esos usos, Irene cifra la reducción del consumo de productos de limpieza diarios entre el 80 y el 90 %. En los lavavajillas industriales, donde según ella la hostelería más gasta, el ahorro de detergente se sitúa entre el 70 y el 90 %. Ese conector es un desarrollo que considera único.

Del producto importado al equipo propio para hostelería

El proyecto nació como trabajo final de un MBA. Irene, que procedía del mundo de las ventas, recordaba un sistema parecido basado en peróxido de hidrógeno y concluyó que el ozono era bastante más oxidante. Si ella compraría el producto, razonó, habría más personas en su situación.

El primer paso no fue diseñar, sino distribuir. Llevó a Cataluña un producto estadounidense que no acababa de funcionar y después encontró en China un equipo mejor, que importó y distribuyó durante unos cinco años para la línea doméstica.

Al intentar entrar en el sector profesional, ese producto no valía: la suciedad de un restaurante no es la de una casa. Ahí, relata, empezaron a invertir en I+D. El equipo para hostelería se lanzó el 20 de enero de 2020, pocas semanas antes del confinamiento.

Irene explica la apuesta por el B2B como una búsqueda de diferenciación. En el doméstico había más competencia y no podía entrar en grandes superficies mientras el ozono no estuviera regularizado. En el profesional no había nadie, pero su producto no llegaba; desarrollar uno propio les daba una barrera de entrada de uno a tres años. Ese recorrido, de distribuir a fabricar, es una vía frecuente hacia el desarrollo de un producto propio.

Homologar el ozono como biocida: ocho años y un mercado perdido

Irene explica que legalizar un biocida suele durar entre uno y dos años, y que el expediente del ozono, gestionado por un consorcio del sector, empezó en 2017 y sigue abierto. El 1 de julio de 2024 Europa aprobó el ozono como sustancia activa biocida; ahora se están regularizando los equipos, y calcula dos años más.

La dificultad, según ella, es que en el mismo expediente entran equipos como el suyo, con dosis muy bajas, y generadores industriales para potabilización o agroalimentación. Durante la pandemia, grandes empresas pidieron verla en el listado oficial de biocidas, un papel que no podía tener porque la sustancia activa aún no estaba aprobada.

El episodio más duro ocurrió en Francia, donde un grupo de empresas representaba el 40 % de su facturación desde 2020. En septiembre de 2023, relata Irene, el INRS, un organismo de seguridad laboral dependiente del gobierno francés, recomendó al sector dejar de comprar agua ozonizada. En quince días las ventas en ese país cayeron a cero, también para el resto de empresas de ozono.

El estudio de seguridad en el aire de su equipo se había hecho precisamente en un laboratorio nacional francés para evitar suspicacias. Ahora trabajan con abogados y con el consorcio para reclamar cuando llegue la aprobación final; en España, señala, no han tenido ese problema.

Vender por demostración: cinco puntos críticos y cinco días de prueba

Como el usuario ve que limpia con agua, Ecofrog vende sobre todo enseñándolo. Irene describe la demostración: el equipo se conecta a un grifo y a un punto de luz, el cliente se lava las manos y nota el olor, y después elige cinco o seis zonas conflictivas de su cocina, como la campana o el horno. En la instalación definitiva hay un grifo aparte identificado como biocida.

Para los lavavajillas de grandes cocinas, el equipo se conecta y se deja cinco días para que el cliente compruebe el consumo. El retorno depende de cada cliente, pero Irene sitúa la amortización en restauración en unos doce meses y en una casa de tres personas en 36 meses.

«Al final no es agua mágica, es ciencia».

Irene Santamaría, 44:10.

El principal riesgo que reconoce es humano: la rotación de personal en hostelería. Para que cada nuevo trabajador sepa usar el sistema, han creado códigos QR que enlazan a vídeos cortos. Muchos clientes, según ella, repiten a los cinco años.

Internacionalizar y adaptarse: lo que Irene haría distinto

Ecofrog empezó a vender fuera por casualidad: durante la pandemia la contactaron empresas de Reino Unido, Francia e Italia, y tuvo que traducir manuales y legalizar el producto en cada país. Al principio, resume, hay más gastos que ventas, e implantar el producto en un mercado lleva uno o dos años.

Su consejo es tener un modelo claro antes de internacionalizar y no improvisar tanto. Esa improvisación es, según responde a la última pregunta, su mayor error profesional: sacar un producto a la venta sin haberlo probado, algo que le ha hecho avanzar y también gastar dinero.

Sobre lo más difícil de estos diez años, Irene valora sobre todo la capacidad de adaptación. Ecofrog no es una startup, dice, pero ha tenido que moverse como si lo fuera, porque hasta 2024 no podía entrar legalmente en grandes corporaciones. Su objetivo declarado es ver el equipo en clínicas y hospitales en los próximos diez años.

Qué puede aprender otro equipo de desarrollo

El caso Ecofrog deja cuatro aprendizajes para quien desarrolle un producto que sustituya a un consumible:

  • Distribuir antes de diseñar. Vender un equipo ajeno enseña qué le falta al producto y en qué sector merece la pena invertir en I+D.
  • Contar la regulación desde el principio. Si el producto es un biocida o una sustancia activa, el expediente puede durar más que el desarrollo y limitar a qué clientes se vende.
  • Diseñar la demostración como parte del producto. Cuando el resultado no se ve a simple vista, hace falta un protocolo de prueba corto con puntos críticos elegidos por el cliente.
  • Prever la rotación de quien lo usa. Un sistema sencillo también necesita formación repetible, como vídeos por QR, para que el uso no dependa de una persona.

Según la descripción del episodio, Ecofrog ha instalado más de 60.000 equipos en 20 países y trabaja con cocinas de restaurantes con estrella Michelin, hoteles y geriátricos. La homologación de los equipos seguía en curso en el momento de la entrevista.

En i-mas desarrollamos equipos que combinan mecánica, electrónica y control, y los preparamos para fabricarse en serie. Si tu proyecto sustituye un producto químico por un proceso físico y necesita prototipos, ingeniería o industrialización, cuéntanos tu proyecto.

Para seguir leyendo: cómo desarrollar un producto tecnológico sostenible y mantenerlo en el tiempo.

Fuente del artículo: entrevista de Edgar Guerrero con Irene Santamaría en Toque de Ingenio. Los pasajes citados enlazan al minuto de la conversación. Las recomendaciones para otros proyectos son una síntesis editorial de i-mas.