Lector de texto con IA para baja visión: la lupa de bolsillo de LUP

Apurva San Juan y Eneko Calvo explican cómo LUP validó con usuarios reales una lupa de bolsillo que lee texto en voz alta y qué aprendieron al industrializar hardware accesible.

Por Edgar Guerrero, Director de Desarrollo de Negocio de i-mas Capítulo 71 9 min de lectura

Portada de la entrevista de Toque de Ingenio con Apurva San Juan y Eneko Calvo sobre LUP

Un lector de texto para personas con baja visión tiene que funcionar sin pantalla, sin internet y sin explicaciones largas. LUP resolvió ese reto con una lupa de bolsillo que fotografía un texto y lo lee en voz alta en pocos segundos. En el capítulo 71 de Toque de Ingenio, Apurva San Juan y Eneko Calvo explican cómo validaron la idea con usuarios reales, por qué descartaron limitarse a una aplicación móvil y qué aprendieron al elegir proveedores e industrializar un hardware accesible.

Invitado: Apurva San Juan y Eneko Calvo, presentados en el episodio como fundadores de LUP. Conversación publicada: 17 de diciembre de 2025. Episodio: 71. Duración: 1 h 8 min.

En este capítulo:

  • Cómo validar un dispositivo de lectura con personas con baja visión antes de diseñarlo.
  • Por qué un móvil no sustituye a un hardware que nace accesible.
  • Qué falló con los primeros socios tecnológicos y cómo se preparó la industrialización.

La entrevista se grabó durante un viaje de los fundadores desde el País Vasco, con el producto ya a la venta, unas 400 unidades fabricadas y una ronda de inversión prevista para enero.

Validar el uso con personas con baja visión antes de diseñar

Apurva San Juan cuenta que la idea surgió en 2020, en plena pandemia. Ella procede de la administración de empresas y empezó a investigar sobre inteligencia artificial sin formación técnica. En esas fechas visitó un centro de personas con baja visión y escuchó a usuarios que habían dejado de leer por la noche porque nada les ayudaba.

Según relata, su prioridad fue validar el mercado antes de construir nada. Organizó grupos de discusión con personas con distintas retinopatías para saber qué productos habían probado, qué echaban de menos y cómo usaban las lupas tradicionales.

«Hay una frase que me encanta que es equivócate rápido y barato».

Apurva San Juan, 06:04.

El primer prototipo no tenía inteligencia artificial. Desmontaron un dron, conectaron su cámara a un teléfono y Apurva leía el texto desde otra sala mientras una compañera acompañaba al usuario. Esa prueba bastó para comprobar que la lectura por voz resolvía un problema real y para recoger propuestas sobre el formato, como un soporte en gafa.

Eneko Calvo se incorporó tras un mensaje por LinkedIn: el equipo buscaba un cofundador técnico en Euskadi y él estudiaba informática. A partir de ahí llegaron los primeros prototipos impresos en 3D que recogían el feedback de los usuarios.

Diseñar hardware accesible: por qué no basta con una app en el móvil

La pregunta que reciben cada día, según los fundadores, es si esto no puede hacerlo un móvil. Existen aplicaciones, pero Eneko defiende que un dispositivo físico aporta algo distinto cuando el usuario tiene más de 65 años y no está acostumbrado a desbloquear un teléfono y buscar una aplicación.

«Un móvil no nace accesible».

Eneko Calvo, 25:41.

Ese principio se tradujo en decisiones concretas. El dispositivo no tiene pantalla, no necesita conexión a internet ni un smartphone, y se maneja con un botón grande marcado con un ojo y cuatro botones más al estilo de un reproductor MP3. Detecta el idioma del texto de forma automática y puede traducirlo.

Los fundadores lo presentan como una lupa de bolsillo inteligente para que resulte familiar. Conserva una lente de aumento de unas 12 dioptrías y un flash que puede quedarse encendido como linterna, porque muchos usuarios siguen leyendo precios o títulos con una lupa convencional y solo necesitan la voz para textos largos.

Cada botón tiene una pulsación corta y otra larga que da acceso a funciones adicionales, como cambiar la velocidad de la voz o saltar entre párrafos de una factura. Apurva añade que gran parte de los cuatro años de desarrollo se dedicó a conocer al usuario y escucharle, porque la tecnología suele obligar a las personas a adaptarse y LUP quería hacerlo al revés.

Mismo hardware, tres modelos y un tacto pensado para la mano

Cuando se grabó el episodio, LUP vendía tres modelos con el mismo hardware y distinto software: una versión clásica que lee en cuatro idiomas, una avanzada con seis idiomas y navegación por el texto, y una Pro que traduce a más de 30 idiomas e incorpora Bluetooth. Los precios eran de 650, 700 y 800 euros, y el equipo había fabricado unas 400 unidades.

El diseño físico también fue evolucionando con el uso. Eneko explica que buscaban un acabado agradable en la mano y que añadieron una zona central rugosa porque en modelos anteriores el dispositivo resbalaba. Esa pieza central se fabrica por impresión 3D industrial, con un tratamiento de acetona y una capa de pintura.

Antes habían probado el mecanizado de ABS, pero el diseño mecánico no se comportaba igual. Con la impresión 3D consiguieron que el cierre de la lupa resultara más robusto para el usuario. Es un ejemplo de cómo el prototipado condiciona decisiones que parecen solo estéticas.

Según cuentan, todo se fabrica en España y la empresa dispone de un taller propio donde ensambla los dispositivos y realiza el control de calidad final antes de la entrega.

Elegir socios tecnológicos y validar cada fase del desarrollo

Para Eneko, lo más difícil ha sido la falta de experiencia. Relata que una startup que acude a empresas con décadas de trayectoria recibe a veces un trato inferior, trabajos mal hechos o proveedores que no aceptan pedidos de diez unidades para probar.

El caso más costoso fue el de la electrónica. Trabajaron dos años con una empresa y, al llevar el resultado a una fábrica para producir en serie, les dijeron que el diseño no era industrializable y no superaría el marcado CE. Tuvieron que rehacerlo, perdieron casi un año y una cantidad importante de dinero.

De esa experiencia extrae una lección: validar que cada fase de una entrega está bien resuelta y anticipar quién fabricará cada parte y a qué coste. Es el tipo de acompañamiento que un equipo de ingeniería electrónica con experiencia en industrialización debería aportar desde el primer diseño.

Preguntados por su mayor error, ambos coinciden en haber confiado en personas que acabaron causando problemas financieros. Apurva añade una recomendación práctica: redactar bien los contratos o contratar a alguien que sepa hacerlo, para poder reclamar cuando un proveedor no cumple.

Retrasar la industrialización hasta validar el producto

Edgar plantea en la conversación uno de los baches habituales del hardware: el coste real no está en el prototipo, sino en fabricar muchas unidades para que el precio baje. Los fundadores responden que retrasaron esa inversión de forma consciente porque sabían que el producto iba a cambiar.

Prefirieron fabricar más caro, poner el dispositivo en manos de usuarios y de la ONCE para detectar fallos, y corregirlos antes de comprometer moldes. En el momento de la entrevista consideraban el producto validado, tenían los moldes diseñados y solo les faltaba el capital para lanzar la producción en serie.

Hasta entonces se habían financiado con premios y subvenciones, sin ronda de inversión, para no diluirse y mantener el control de las decisiones. El premio de innovación social de la Fundación Mapfre en 2023 les dio presencia en medios y, a partir de ahí, una invitación a El Hormiguero. Preparaban una ronda para enero, combinada con financiación pública como Enisa.

También reconocen que, con capital antes, habrían contratado a alguien con experiencia previa que les hubiera advertido de los errores. Y señalan una tensión habitual con inversores acostumbrados al software: un hardware no crece al ritmo de un SaaS y hay que explicarlo con métricas.

Vender a través de ópticas: formación y menos devoluciones

LUP distingue entre cliente y usuario. Muchas compras las hace un hijo o un familiar para una persona mayor, y por eso mantienen la venta por web. Además, el dispositivo se ofrece como servicio en bibliotecas y centros de día, entre ellos centros de Ilunion.

El canal en el que más se centran, según explican, es el de las ópticas. Es el que menos margen les deja, pero el usuario recibe una explicación presencial de alguien de confianza, y eso reduce las llamadas de soporte. Cuentan que las lupas vendidas en ópticas prácticamente no se devuelven, mientras que las vendidas por web registran más devoluciones.

Fuera de España trabajan con distribuidores que llevan el producto a las ópticas. En el momento de la entrevista tenían acuerdos en Argentina y acababan de abrir Uruguay, aunque el objetivo principal seguía siendo consolidarse en España.

Qué puede aprender otro equipo de desarrollo

El caso LUP deja cuatro aprendizajes aplicables a otros productos pensados para usuarios que no son técnicos:

  • Validar con el usuario real antes de diseñar. Una cámara y una voz humana bastaron para comprobar que la lectura asistida resolvía el problema.
  • Quitar antes que añadir. Sin pantalla, sin internet y con pocos botones, el producto se explica en una óptica en unos minutos.
  • Comprobar la industrialización en cada fase. Un diseño que funciona en el laboratorio puede no superar el marcado CE ni la fabricación en serie.
  • Elegir el canal por el uso, no por el margen. La venta con formación presencial reduce devoluciones y soporte.

El episodio recoge el estado del proyecto a finales de 2025, con el dispositivo a la venta por web y en ópticas y la producción en serie pendiente de financiación. Las características y precios actuales pueden haber cambiado.

En i-mas desarrollamos productos que integran diseño de producto, electrónica, prototipado y fabricación, con la industrialización y el marcado CE presentes desde el primer diseño. Si estás trabajando en un dispositivo para usuarios no técnicos y quieres evitar rehacer la electrónica a mitad de camino, cuéntanos tu proyecto.

Para seguir leyendo: cómo planificar el paso del prototipo a la fabricación.

Fuente del artículo: entrevista de Edgar Guerrero con Apurva San Juan y Eneko Calvo en Toque de Ingenio. Los pasajes citados enlazan al minuto de la conversación. Las recomendaciones para otros proyectos son una síntesis editorial de i-mas.