Una incubadora de 350 euros que cabe en una maleta: el diseño open source de Incunest

Pablo Sánchez Bergasa explica cómo Incunest diseñó una incubadora open source de 350 euros que cabe en una maleta, funciona a 12 V y ya opera en 40 países.

Por Edgar Guerrero, Director de Desarrollo de Negocio de i-mas 10 min de lectura

Portada de la entrevista de Toque de Ingenio con Pablo Sánchez Bergasa sobre Incunest

Una incubadora de hospital europeo cuesta a partir de 35.000 euros. La de Incunest cuesta 350 en materiales, se monta en un cuarto de hora sin un solo tornillo, cabe en una maleta y funciona enchufada al mechero de un coche. No es una versión barata de la otra: es un producto distinto, diseñado desde cero para un sitio donde la alternativa real no es una incubadora peor, sino envolver al bebé en papel de aluminio y ponerlo al lado de un radiador.

Detrás está Pablo Sánchez Bergasa, ingeniero electrónico navarro, fundador y CEO de Medical Open World. Lo que empezó como dos o tres horas al día después del trabajo son hoy más de 250 incubadoras instaladas en 40 países, por las que han pasado más de 4.000 bebés. En este capítulo de Toque de Ingenio cuenta cómo se diseña un producto sanitario cuando la restricción principal no es la tecnología, sino el precio, el mantenimiento y la logística.

Invitado: Pablo Sánchez Bergasa, fundador y CEO de Medical Open World, impulsor de Incunest. Conversación publicada: 15 de septiembre de 2026. Duración: 1 h 06 min.

En este capítulo:

  • Por qué una tecnología de hace más de un siglo sigue sin llegar a media parte del mundo.
  • Qué se quita y qué no se puede quitar al diseñar un equipo médico de bajo coste.
  • Por qué el 70 % del equipamiento médico donado a África no llega a usarse, y cómo se evita.

El problema: no falta tecnología, falta producto

Pablo maneja una cifra que es el origen de todo: unos 2,4 millones de bebés mueren cada año en el mundo por prematuridad y, según las estimaciones que cita, alrededor de 1,5 millones podrían salvarse con cuidados básicos, empezando por mantener la temperatura. Un prematuro no regula bien la suya y se enfría.

La incubadora existe desde hace más de un siglo y no es un reto tecnológico. El problema es que todas las que se fabrican están diseñadas para Europa y Estados Unidos: filtros HEPA, doble cámara, sensores de oxígeno, carro neumático regulable, una carga regulatoria enorme y un mantenimiento caro. Como resume Pablo, solo se fabrican Ferraris, y en muchos hospitales de África, Latinoamérica o Asia un Ferrari es inasumible.

El cálculo que ordena el diseño es este: sin incubadora sobrevive aproximadamente la mitad de los prematuros; con una incubadora europea, el 99,9 %; con la de Incunest, alrededor del 90 %, por la décima parte del precio. Renunciar a ese último tramo es lo que hace viable el producto.

Qué hace exactamente y qué se quedó fuera

La incubadora es, en palabras de Pablo, un simulador de vientre materno: un ambiente térmico neutro en el que el bebé no gasta energía en regular su temperatura y puede dedicarla entera a desarrollarse. Para eso hacen falta dos variables controladas, temperatura y humedad, y nada más.

La humedad no es un lujo: la piel de un prematuro es tan fina que pierde agua, y con el agua pierde temperatura y peso. La temperatura del aire tampoco es un número fijo. Se calcula a partir de tres variables —semanas de gestación, días de vida y peso— mediante tablas clínicas, y la incubadora la ajusta automáticamente para mantener al bebé en torno a 36,5 °C.

El único accesorio añadido es fototerapia. Alrededor del 5 % de los recién nacidos desarrolla ictericia, y se trata con una luz azul de longitud de onda concreta. Es barato, es frecuente y cabe dentro del equipo: entra. Los filtros de bacterias, el control de atmósfera de oxígeno y el carro no entran.

Un diseño pensado para montarse en destino

La estructura son dos planchas de polietileno de 10 mm cortadas en CNC, más paneles de metacrilato —flexible para la cúpula curva, rígido para los laterales—. Las piezas encajan a presión, como un lego: sin tornillos y sin herramientas. Se envía desmontada, cabe en una maleta y el hospital la monta en un cuarto de hora siguiendo unas instrucciones.

La decisión eléctrica es igual de deliberada: todo funciona a 12 voltios, el voltaje de un coche o una ambulancia. El consumo se ha ajustado para poder alimentarla desde el mechero con un adaptador de tres euros. En sitios sin red estable, eso convierte una batería de coche en un sistema de alimentación ininterrumpida.

La electrónica es sencilla pero no ingenua: vigila los tres o cuatro componentes críticos —que el calefactor caliente, que los leds enciendan, que el ventilador gire a las revoluciones correctas— mediante sensores de corriente, y dispara alarmas si algo se sale de rango. El objetivo declarado del diseño no es hacer lo máximo, sino tener el menor riesgo posible para el mayor número de vidas.

El 70 % que nunca se usa: por qué la incubadora lleva módem

Hay un dato que condiciona todo el modelo: alrededor del 70 % del equipamiento médico donado a África no se usa. Llegan equipos jubilados de hospitales europeos, se rompen en el envío o les falla un botón, y no hay nadie formado para repararlos. Pablo lo ha visto de primera mano: aparatos excelentes parados porque nadie sabe encenderlos.

Por eso Incunest no se comporta como un fabricante que vende y se va. Evalúan cada hospital de destino, hablan con el equipo, dan formación y montan un módem con conexión a internet dentro de la propia incubadora para seguir cómo se está usando. Esa telemetría es la que hizo que, en 2021, Pablo viera desde el móvil que en un hospital de Camerún había un bebé dentro de una de sus incubadoras: 500 gramos, un peso que allí se daba por descartado. Seis semanas después le enviaron una foto. Lo habían llamado Pequeño Milagro.

Tres años para un humidificador que ya existía

Preguntado por el mayor reto técnico del proyecto, Pablo no elige un problema que resolvió, sino uno que no debió haberse planteado. Quería un humidificador integrado con su electrónica y decidió diseñarlo él.

«Estuve tres años para conseguir el humidificador. Y buscando un poco más en detalle, ya había un humidificador comercial por la mitad de precio del que diseñé yo, y lo podía integrar».

Pablo Sánchez Bergasa, 41:30.

Es el fallo de make-or-buy más común en desarrollo de producto, y aquí costó tres años de un proyecto que iba contra el reloj. La virtud —ser cabezón, en sus palabras— y el defecto son la misma cosa.

Quién lo fabrica: una ONG, once centros de FP y 350 euros de materiales

El proyecto no nació de Pablo. Arrancó como un trabajo fin de máster de Alejandro Escario en una escuela de ingeniería de Madrid, a partir de lo que un grupo de médicos veía en sus expediciones a Sierra Leona: una caja de madera que regulaba temperatura. Pablo se sumó para rehacer la electrónica, y cuando los demás fueron dejándolo —bodas, hijos, mudanzas—, se quedó él.

Hoy la organización funciona repartida: Medical Open World diseña, once centros de Formación Profesional salesianos —Pamplona, Madrid, Burgos, Oviedo y otros— fabrican las piezas dentro de su ciclo formativo, y las ONG colaboradoras se encargan del envío y la formación en destino. Los 350 euros son solo materiales, porque la fabricación la aportan los centros. Los alumnos que antes torneaban piezas de ajedrez para tirarlas a la chatarra ahora hacen piezas que acaban en un hospital.

La financiación es igual de artesanal. La primera ronda fueron 2.000 euros recaudados después de una misa en una parroquia de Pamplona, delante de unas 200 personas que no le conocían de nada; los materiales costaban 350. No han recibido ninguna ayuda pública. El Premio Princesa de Girona —20.000 euros— fue lo que le permitió dejar su trabajo hace año y medio. En julio de 2026 tenían 200 incubadoras en lista de espera.

Lo que viene: una incubadora gemela y fabricación local

En el episodio Pablo enseña una maqueta en miniatura de la incubadora. La idea es venderla a precio de coste, en torno a 40 o 50 euros, conectada a internet: cuando entra un bebé en la incubadora apadrinada, la de casa se ilumina. Los últimos equipos enviados llevan pulsioxímetro, así que la versión siguiente podría latir al ritmo del corazón del bebé que está dentro. La llaman incubadora gemela y esperan abrirla a finales de año.

El objetivo de fondo es más ambicioso: montar la fabricación en los propios países de destino. Al ser un diseño open source, cualquiera puede descargarlo y construirlo. El cuello de botella es el material —conseguir polietileno y metacrilato en Angola o Ghana no es trivial— pero el modelo es el mismo que ya funciona en España: un centro de formación profesional que fabrica, distribuye, mantiene y forma.

«El primer KPI es salvar el mayor número de vidas posibles lo antes posible. Al final esto es una carrera contrarreloj».

Pablo Sánchez Bergasa, 50:04.

Qué puede aprender otro equipo de desarrollo

Más allá del proyecto social, Incunest es un caso de manual de diseño bajo restricción dura:

  • Definir la alternativa real, no la competencia. El producto no compite con una incubadora de 35.000 euros: compite con un radiador y papel de aluminio. Eso cambia qué prestaciones son irrenunciables y cuáles son decoración.
  • Diseñar para el montaje y el mantenimiento en destino. Encaje a presión sin tornillos, 12 V y un cuarto de hora de montaje no son detalles de producción: son lo que decide si el equipo acaba funcionando o en un almacén.
  • Comprar antes que diseñar. Tres años de desarrollo para un componente que existía por la mitad de precio. Antes de abrir un desarrollo propio, agotar el catálogo.
  • Instrumentar el producto para aprender de él. El módem no vende una función al cliente; sirve para saber si el equipo se usa, cómo y cuándo falla. En un mercado donde el 70 % del material donado no se usa, ese dato es el producto.

Del prototipo a la serie, en i-mas

Llevar una caja de madera con un termostato hasta un equipo replicable en once centros de fabricación es exactamente el recorrido que hacemos a diario. En i-mas abordamos el diseño y desarrollo de producto de forma integral, desde el prototipado y la ingeniería electrónica hasta la producción y el ensamblaje, con mecánica, electrónica, software y diseño industrial bajo una misma ingeniería.

Si tu proyecto necesita pasar del prototipo a la serie, cuéntanos tu proyecto.

Para seguir leyendo: cómo Cadires x Tororo fabrica sillas de ruedas de bajo coste con PVC en Uganda.

Fuente del artículo: entrevista de Edgar Guerrero con Pablo Sánchez Bergasa en Toque de Ingenio. Las cifras de mortalidad, coste y despliegue son las aportadas por el invitado en la conversación. Los pasajes citados enlazan al minuto exacto. Las recomendaciones para otros proyectos son una síntesis editorial de i-mas.