Cómo desarrollar un producto electrónico médico: el caso real de Neuroelectrics

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Desarrollar un producto electrónico ya implica un alto de complejidad. Pero cuando ese producto está diseñado para interactuar directamente con el cerebro humano, las reglas cambian por completo. Ya no se trata de que funcione: debe ser preciso, seguro, validado clínicamente y, además, usable en el día a día de una persona.

En este contexto, el caso de Neuroelectrics resulta especialmente interesante. Esta empresa ha desarrollado un dispositivo capaz de leer y estimular la actividad cerebral sin necesidad de cirugía, abriendo nuevas posibilidades en el tratamiento de enfermedades como la epilepsia o la depresión.

Sin embargo, más allá de la tecnología en sí, lo realmente valioso es entender cómo se construye un producto de estas características. Qué hay detrás, qué decisiones se toman y qué dificultades aparecen en el camino. Para ello, combinamos análisis técnico con algunos fragmentos de la conversación mantendrá con su CEO, que ayudan a entender mejor el proceso real.

De la ciencia al producto: el verdadero punto de partida

Uno de los aspectos más relevantes y, a menudo ignorado, es que este tipo de productos no nacen como productos. Nacen como investigación.

Antes de pensar en diseño, electrónica o experiencia de usuario, hay años de validación científica que sustentan la idea. En el caso de Neuroelectrics, la base está en el estudio de la estimulación cerebral no invasiva y su impacto en determinadas patologías.

Cómo explica Ana Maiques, CEO de Neuroelectrics, durante la entrevista en el podcast Toque de Ingenio.

«No empezamos con un casco. Empezamos con investigación en laboratorio, validando que la estimulación cerebral podía tener un efecto real.»

Este matiz cambia por completo el enfoque. No estás diseñando un dispositivo desde cero, sino traduciendo conocimiento científico en una solución tangible. Y eso condiciona todas las decisiones posteriores.

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Trabajar con lo invisible: el reto de la ingeniería electrónica

Si hay un punto donde se concentra gran parte de la complejidad técnica, es en la electrónica.

El cerebro humano opera con señales eléctricas extremadamente débiles, del orden de microvoltios. Captarlas de forma fiable en un entorno lleno de indiferencias es un reto de ingeniería de primer nivel.

Durante la entrevista, Maiques hizo especial hincapié en este aspecto:

Los electrodos tienen que capturar señales muy pequeñas y filtrar el ruido. No son simples cables, son componentes de alta precisión.

Esto obliga a diseñar sistemas electrónicos altamente especializados, donde cada componente cuenta. la arquitectura debe contemplar amplificación de señal extremadamente sensible, filtrado analógico avanzado y conversión digital de alta resolución. Pero, sobre todo, debe minimizar cualquier tipo de interferencia.

Aquí es donde el diseño de PCB adquiere un papel crítica. No se trata de conectar componentes, sino de diseñar un sistema donde la integridad de la señal se mantenga en todo momento. Tal y como se comentaba:

«Cada capa del PCB, cada traza, está optimizada para minimizar el ruido. si no haces esto bien, el sistema no funciona.»

Un sistema en tiempo real: cuando hardware y firmware son inseparables

A medida que el producto avanza, aparece otro elemento clave: la interacción entre hardware y firmware. En este caso, el dispositivo no se limita a medir. También actúa. Es capaz de aplicar estímulos eléctricos en función de lo que detecta en la actividad cerebral, lo que implica trabajar en tiempo real.

Esto exige una coordinación precisa entre todos los componentes del sistema. El firmware no es un complemento, sino el núcleo que articula el comportamiento del producto: gestiona la adquisición de datos, controla la estimulación y garantiza que todo ocurra con la latencia adecuada.

Como se explicaba en la entrevista de Toque de Ingenio:

«Los mismos electrodos que leen pueden estimular. Todo depende de lo que detecta el sistema en cada momento.»

Este tipo de arquitectura elimina la separación tradicional entre hardware y software. Ambos deben diseñarse de forma conjunta desde el inicio.

La inteligencia artificial como capa de decisión

Lo que realmente eleva el producto a otro nivel es la incorporación de inteligencia artificial. El dispositivo no solo recoge datos, sino que los interpreta. A través de algoritmos de deep learning, es capaz de identificar patrones específicos en la actividad cerebral de cada paciente y ajustar la estimulación en consecuencia.

En palabras de la CEO:

«El sistema aprende el patrón único de cada paciente y personaliza la estimulación.»

Este enfoque convierte el dispositivo en una solución dinámica, adaptativa. Ya no se trata de un producto estático, sino de un sistema que evoluciona el uso. Y esto introduce nuevas exigencias en el desarrollo: calidad de los datos, validación de los modelos y una integración sólida entre el dispositivo físico y la capa digital.

Diseñar para el uso real: cuando la tecnología depende de la experiencia

Hay un aspecto que suele quedar en segundo plano en proyectos altamente tecnológicos, pero que aquí resulta determinante: el diseño industrial.

El dispositivo debe ser utilizado por pacientes en su día a día, durante periodos prolongados. Esto implica que la ergonomía, los materiales y la percepción del producto son factores críticos.

Durante la entrevista, Ana Maiques, planteaba la situación de forma muy directa:

«Si el caso no es cómodo o no se ve bien, el paciente no lo va a usar. Y entonces el tratamiento no funciona.»

Esto obliga a integrar el diseño industrial desde las primeras fases del desarrollo. No com una capa estética, sino como una parte fundamental del rendimiento del producto.

Iterar, fallar y mejorar: el papel del prototipado

A medida que el producto toma forma, el prototipado se convierte en la herramienta principal de aprendizaje.

Es en esa fase donde se valida si lo diseñado realmente funciona en condiciones reales. Y, como ocurre en la mayoría de proyectos de hardware, la primera versión rara vez es la definitiva.

«Pasamos por muchas iteraciones. Los primeros cascos eran incómodos, había ruido en las señales… todo eso se va corrigiendo.»

El desarrollo se convierte en un proceso iterativo, donde cada versión permite detectar problemas y mejorar el sistema. Este ciclo es especialmente largo en productos médicos, donde cada cambio debe validarse con rigor.

Regulación: el factor que define el ritmo del proyecto

A diferencia de otros sectores en el ámbito médico la regulación no es un trámite final. Es un elemento estructural del desarrollo.

Cumplir con los organismos como la FDA implica no solo demostrar que el producto funciona, sino que es seguro, reproducible y controlado en todas sus fases.

Esto introduce una dimensión adicional: documentación exhaustiva ensayos clínicos, trazabilidad… Todo debe estar perfectamente registrado.

Como se explicaba Maiques:

«No es solo ingeniería. Es validación, documentación y cumplimiento regulatorio. Y eso lleva años.»

Una conclusión clara: integrar es más importante que innovar

Después de analizar el caso de Neuroelectrics, hay una idea que destaca por encima del resto. El éxito no está en una única tecnología, sino en la capacidad de integrarlas todas.

Electrónicas, firmware, inteligencia artificial, diseño insdustrial y regulación deben desarrollarse de forma coordianda. No como fases independientes, sino como partes de un mismo sistema.

Porque, en última instancia, desarrollar un producto electrónico médico no consiste en hacer que algo funcione.

Consiste en hacer que funcione bien, siempre, en condiciones reales, y que además sea usable, escalable y certificable.

Si estás trabajando en el desarrollo de un producto electrónico y te enfrentas a este tipo de retos, integración de disciplinas, complejidad técnica o validación, contar con un equipo que entienda todo el proceso puede marcar la diferencia entre un desarrollo que se alarga indefinidamente y un producto que realmente llega al mercado.

Si tienes un proyecto en mente, contacta con nosotros y te ayudamos a llevarlo del concepto a la realidad.

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